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Una de las voces más inquietantes de la moderna poesía polaca es Wislawa Szymborska, Premio Nobel de Literatura en 1996, y alguien que no detuvo su labor creadora ni siquiera en los instantes más dramáticos de su nación, o de su itinerario personal. De una poética que buscaba el signo indeleble de la tierra, saltó a una exploración de matices ontológicos, adueñándose poco a poco de un tono singular, donde se funden la claridad cotidiana con las reflexiones existenciales.
Su obra, aunque breve, despierta devoción a lo largo y lo ancho del mundo, y deja un testimonio palpable que parece tener un peso sobre la tierra y hasta regalarnos sombra: Preguntas planteadas a una misma (1954), La sal (1.962), Mil consuelos (1.967), Fin y principio (1993) y De la muerte sin exagerar, son algunos de sus más recordados títulos.
(Tomado de Confabulacion 54)
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